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Adolf Hitler envió realmente expediciones a lo largo y ancho de Europa y Asia y, finalmente, a América, para que ubicaran una entrada al reino subterráneo. El dictador alemán estaba fuertemente influido por un libro: “La raza futura”, de Lord Edward George Bulwer Lytton (1803-1873), que en esencia trata de una sociedad de seres avanzados que viven en túneles y cuevas bajo la superficie terrestre y que poseen una inteligencia y poderes muy adelantados con respecto a los de nuestra humanidad. Su objetivo último es salir de este submundo y tomar en control el resto del planeta. El narrador es un hombre anónimo descrito como “un nativo de Estados Unidos”, que en un año no especificado de principios del siglo XIX llega a Inglaterra y es conducido a una excursión por unas minas; allí se entera de una leyenda según la cual uno de los túneles conduce a un misterioso mundo subterráneo. El propio Lord Bulwer Lytton excusa el anonimato que da a la localidad: “El lector comprenderá, ahora que cierro esta narración, mis motivos para ocultar toda indicación referente a la zona que me refiero, y quizá me agradezca evitar cualquier descripción que pueda llevar a descubrirla”.

El Honorable Lord Lytton (como se lee su nombre en la portada de la edición original del "The Coming Race", publicada en 1871) era un escritor muy popular en la época victoriana. Hoy día sigue recordándose -aunque no se lea mucho- su novela "Los últimos días de Pompeya" (otra de sus obras, "The haunted and the haunters", ha sido descrita por H.P. Lovecraft como “uno de mis libros inspiradores”). Pero “La raza futura” está relegada al olvido y es hoy uno de los libros más difíciles de encontrar. Se hizo una traducción al español que, quien esto escribe, pensaba imposible de ubicar antes de localizar un volumen curiosamente encuadernado en una librería de viejo de la calle Donceles de la Ciudad de México; el libro tiene una extraña textura de piel blanca y no hay título ni autor visible, sólo una palabra escrita en tinta dorada en la parte superior del lomo: vril.
Una página marcada de la obra, que forma parte de los párrafos finales del capítulo VII, era la explicación de por qué se había escrito esa palabra en el lomo: “No hay ninguna palabra en lenguaje alguno que yo conozca que sea un sinónimo exacto de vril. Le podría llamar electricidad, salvo porque comprende en sus múltiples ramas otras fuerzas de la naturaleza a las que, en nuestra nomenclatura científica, se les asignan diferentes nombres, como magnetismo, galvanismo, etcétera. Las gentes subterráneas consideran que en el vril han llegado a la unidad de las agencias energéticas naturales, que han sido conjeturadas por muchos filósofos de la superficie, y a las que Faraday da el nombre más precavido de correlación. Creo -sigue el narrador- que las diversas formas bajo las que las fuerzas de la materia se manifiestan tienen un origen en común; dicho de otro modo, están tan directamente relacionadas y son tan mutuamente dependientes que son convertibles, por así decirlo, la una en la otra, y poseen equivalentes de poder en su acción. Estos filósofos subterráneos afirman que, mediante el funcionamiento del vril, se puede influir en la mente y el cuerpo de hombres, animales y vegetales.”
Por medio de su narrador, Lord Bulwer Lytton explica que el vril puede ser utilizado para ampliar la conciencia de la mente y permitir la transferencia de pensamiento de una persona a otra por medio del trance o visión. Dice que “este líquido que en todo penetra”, es el mayor poder sobre todas las formas de la materia, ya sea ésta animada o inanimada. Puede destruir con la velocidad del rayo y se la puede disciplinar; aplicado de modo diferente es capaz de recuperar o vigorizar la vida, curar y conservar. Al narrador le dicen que la fuerza puede utilizarse para cortar el diamante así como dirigirla para destruir al enemigo. Le enseñan una vara que regula el vril y aprende que “el fuego alojado en el hueco de la vara dirigida por un niño podría echar abajo la fortaleza más poderosa o abrirse un camino ardiente desde la vanguardia a la retaguardia en un campo de batalla.”
Otros usos del vril son como fuente de propulsión para sus ingenios volantes, vehículos de tierra, mar y aire comunes en los reinos subterráneos. El científico Charles A. Marcoux, director del Subsurface Research Center en Phoenix, Arizona, que ha inventado instrumentación para el análisis microscópico incorporada a satélites, ha estado investigando la tradición de los reinos subterráneos hace 25 años, y dice que "por el vril los habitantes del interior gozan de un clima purificado y tienen máquinas que se parecen a detectores rodantes de radar, a manera de radiación (irradiation), que limpia la atmósfera de todos los elementos radiactivos. La mayor parte de ellas son móviles y tienen una antena parecida a un ventilador, y están diseñadas como una tela de araña que atrae las partículas dañinas del aire y las procesa por unos filtros que eliminan todas las sustancias nocivas para la vida”. Asegura Marcoux que estas máquinas además añaden sustancias vitales al aire, que producen un efecto beneficioso sobre todo lo que vive. Sin embargo, la más notable afirmación de este científico estadounidense es el medio de transporte de que se vale la gente que vive en el interior de la Tierra para viajar por sus túneles; de acuerdo con su informe son los creadores de los comúnmente llamados platillos voladores: “Y no sólo utilizan estos aparatos en su reino, sino que a veces también aparecen en la superficie.”
Recién, en un fascinante artículo aparecido en Predition (Nº111), Nadine Smith escribe: “La explicación extraterrestre de los Objetos Volantes No Identificados está siendo ampliamente cuestionada hoy entre los estudiosos del tema, especialmente porque las pruebas espaciales dirigidas hacia nuestros vecinos más cercanos a nuestro sistema solar han revelado que hay en ellos sólo gérmenes de vida tal como la conocemos. Cada vez más, los científicos consideran la posibilidad de una explicación síquica en lugar de física. Sugieren que los ovnis no vienen de otros planetas, sino de otras dimensiones de vida de nuestro propio mundo (…) un mundo invisible coincidente con el espacio de nuestra vida física”; que es lo mismo que concluyó el general del aire de Gran Bretaña Víctor Goddard, en una conferencia que dio en Caxton Hall a finales de 1960. En tres artículos (aparecidos en O Cruzeiro de Brasil) dos investigadores respetados en su país, Henrique Bose de Souza y el comandante militar Paulo Strauss, declararon que aunque era evidente que ninguna nación de la Tierra tenía el secreto de los ovnis, también era claro, por la investigación espacial, que al menos nuestro sistema solar está deshabitado, y si vienen de otros sistemas es inconcebible que en 2 mil años de historia conocida no se hubieran contactado abiertamente con nuestra civilización; además es improbable un tipo de navío espacial que realice viajes más allá de la Vía Láctea, aunque no estuviera probado que existiera algún tipo de vida. Entonces, la única posibilidad es que los ovnis tienen su propio origen en la Tierra, y precisamente en su interior.
Dicen Bose de Souza y Strauss: “Está fuera de toda duda que los habitantes del reino subterráneo son un pueblo avanzado, pues si son capaces de vivir y prosperar bajo la superficie terrestre, no hay motivo para que no hubiesen desarrollado una forma de transporte mucho más sofisticada que las conocidas entre nosotros. Y el propio diseño, maniobrabilidad y velocidad que se adjudica a estos aparatos parecen muy convenientes para atravesar la red de túneles que conecta a las ciudades subterráneas”.
Otro investigador, O.C. Huguenin, analiza las ideas de De Souza y Strauss en su informe "From the subterranean world to the sky: flying saucers", realizado para las Naciones Unidas, escribe: “Debemos considerar la reciente e interesante teoría acerca de la existencia de un gran mundo subterráneo con innumerables ciudades en las que viven millones de habitantes, y donde tendrían su origen los platillos voladores. Esta otra humanidad debe haber alcanzado un altísimo grado de civilización, organización económica y social, desarrollo cultural y espiritual, junto con un extraordinario progreso científico, en comparación con los cuales la humanidad que vive en la superficie terrestre, puede considerarse como una raza de bárbaros. De acuerdo con una información suministrada por el comandante Paulo Strauss, el mundo subterráneo no se limita a cavernas, sino que es más o menos extenso y está localizado en un interior hueco de la Tierra lo bastante para contener ciudades y campos, donde viven animales y seres humanos”. El investigador describe entonces que desarrollaron unas máquinas que “vuelan utilizando una forma de energía obtenida directamente de la atmósfera”. El doctor Raymond Bernard también cree que los ovnis funcionan con este fabuloso poder nombrado vril que Hitler buscó.
Para un hombre como Adolf Hitler, encantado por el misticismo y la pureza racial y enfermo de poder, el libro "La raza futura" de Lord Bulwer Lytton expresaba sus más profundos deseos de gloria, Y es evidente que poco se ha estudiado su interés por las ciencias ocultas. En la obra "Hitler: estudio de un tirano", dice Alan Bullock: “El poder de Hitler para embrujar a un público se ha vinculado con las prácticas ocultas de los hechiceros africanos y con los chamanes asiáticos; dicen que poseía la sensibilidad de un médium y el magnetismo de un hipnotizador”. Su fascinación por el mundo invisible puede rastrearse a su relación con un extraño personaje: Karl Haushofer, llamado “mago maestro del partido nazi”, que fue presentado a Hitler por Rudolf Hess, quien se autoeliminó hace unos meses en la cárcel donde pagaba sus crímenes de guerra.
Luego de educarse en la Universidad de Munich, Karl Haushofer inició la carrera militar en el ejército alemán. Había nacido en Baviera y está claro que tenía profundos conocimientos sobre el misticismo oriental y estaba obsesionado por los orígenes y el destino último del pueblo alemán. Su trabajo en el Estado Mayor le llevó a varios sitios en Oriente, como escriben Louis Pauwels y Jacques Bergier en "El retorno de los brujos": “Hizo varias visitas a India y el Lejano Oriente y fue enviado a Japón, donde aprendió la lengua. Creía que el pueblo alemán tenía su origen en Asia Central, y que la raza indogermánica era la que garantiza la permanencia, nobleza y grandiosidad del mundo”. En aquel tiempo, Haushofer empezó a demostrar un extraño talento: la capacidad profética. Y cuando durante la primera guerra mundial puso en práctica esta habilidad prediciendo el momento preciso en que atacaría el enemigo y los lugares donde las bombas explotarían, sus afirmaciones resultaron siempre certeras y creció su fama entre sus hombres y superiores. Se convirtió en el general más joven del ejército alemán, y en la conciencia de gran parte de la juventud de ese país, a quien predicaba que su destino era gobernar un día sobre Europa y Asia y ejercer luego un control sobre el mundo que sólo ellos estaban preparados para administrar. Escribió varios libros y fundó revistas, en las cuales hizo varias revelaciones sobre lo que había aprendido en el Lejano Oriente. Una de ellas decía que mientras viajaba por Asía central oyó hablar de un vasto campamento subterráneo bajo el Himalaya, donde habitaba una raza de superhombres. El nombre de este lugar era Agartha y su capital se llamaba Shamballah. Se ha sugerido, justificadamente, que esta afirmación de Haushofer era en la que él basaba su creencia de que la dominación mundial de Alemania sólo podría conseguirse por la fuerza, pues Shamballah era “una ciudad poderosa cuyas fuerzas mandan sobre los elementos y las masas de la humanidad, y precipitan la llegada de la raza humana al punto decisivo del tiempo…”, que ayudaría a los arios a dominar nuestra civilización. Trevor Ravenscroft dice en "The spear of destiny" (1972): “Karl Haushofer cubrió la geografía con un velo de misticismo racial, proporcionado a los alemanes una razón para volver a aquellas zonas del interior de Asia que se creía había sido origen de la raza aria. De este modo sutil incitó a la nación alemana a la conquista de toda la Europa oriental y a extenderse más allá de la gran área interior de Asia, que tiene 4 mil kilómetros de Oeste a Este entre los ríos Volga y Yangtsé, e incluye en su lado más meridional las montañas del Tibet.”
EL primer encuentro entre Haushofer y Hitler tuvo lugar en la prisión de Landsberg en 1924, cuando el dictador alemán fue encarcelado tras el fracaso del putsch de Munich. Dicen Pauwels y Bergier: “Introducido por Hess, el general Haushofer visitó a Hitler todos los días y pasó con él varias horas exponiendo sus teorías y deduciendo de ellas todos los argumentos posibles a favor de la conquista política. Cuando estaba a solas con Hess, Hitler, con propósitos propagandísticos, amalgamó las teorías de Haushofer y formó con ellas la base de "Mein kampf".
Entre los libros que Haushofer le llevó a Hitler estaba "La raza futura", que leyó en la soledad de su prisión e iba a impresionarlo profundamente: no parece caber duda que mientras leía las páginas de la extraña historia que narra esta obra, en su reclusión de la celda, Hitler comenzó a ansiar el día en que pudiera establecer por sí mismo la realidad de la civilización secreta que vive en el interior de la Tierra. Al año siguiente, ya libre, Hitler formó una sociedad oculta con el nombre de Logia Luminosa Vril. El doctor Willy Ley, el brillante científico investigador de los fenómenos espaciales, que se encontraba en Berlín en aquel tiempo y que huyó de Alemania en 1933, es un ensayo titulado "Las seudociencias bajo el régimen nazi", describe la formación de la sociedad del vril cuya filosofía estaba basada totalmente en el libro de Bulwer Lytton. Decía el doctor Ley que los miembros de la logia creían tener el conocimiento secreto de la fuerza vril, y esperaban que ella les permitiera convertirse en los iguales de la raza escondida en el interior de la Tierra. Habían desarrollado métodos de concentración y “un sistema total de gimnasia interna con la que podrían ser transformados”. Aunque Ley expresa una opinión general con respecto a lo que él imaginaba que podía ser este poder vril, lo describe como la energía inherente de nuestros cuerpos, de la que “sólo utilizamos una diminuta proporción en nuestra vida diaria”.
En "The spear of destiny", Trevor Ravenscroft escribe: “El único objetivo de esta logia era investigar más los orígenes de la raza aria y saber como esas capacidades mágicas que duermen en la sangre pueden ser reactivadas para convertirlas en vehículo de poderes sobrehumanos. Sorprendentemente, una de las obras que resultó ser fuente infinita de inspiración para los principales miembros de esta logia, dirigida por el mismo Hitler, resultó el libro de Bulwer Lytton, en que un escritor inglés revela veladamente muchas de las verdades que había aprendido mediante la iniciación personal de la doctrina secreta; no tenía idea de que su obra "The coming Race" se convertiría en la maligna inspiración de un pequeño grupo de políticos en su intento de esclavizar al mundo.” Otro investigador, Gunther Rosemberg, escribió en la revista Fate (julio de 1972): “Creían que los creadores del universo vivían en el centro de la Tierra. Los hombres de la superficie deben convertirse en semejantes a dioses y hacer una alianza con la raza interior. De no ser así, serían esclavizados por la raza que ha de venir”.
Los documentos nazis capturados tras la caída del Tercer Reich indican que Hitler y sus partidarios lanzaron varias expediciones en búsqueda de una entrada al mundo interior. Geógrafos y científicos alemanes recibieron la orden de encontrar un túnel que condujera a los vril-ya (como se denominó entonces a este pueblo oculto). Se revisaron los planos de minas alemanas, suizas e italianas para ubicar posibles pozos, e incluso Hitler ordenó a un coronel de inclinaciones intelectuales que investigara la vida de Lord Bulwer Lytton, con la esperanza de conocer dónde y cuándo el autor había visitado el mundo de los vril-ya. Desde 1936 en adelante, los nazis enviaron con regularidad equipos de soldados de elite a las cuevas y minas de Europa. Grupos completos de spelunkers rondaron buscando al hombre nuevo que debía ayudar a entronar al nazismo en el planeta. Resultó evidente que el fuhrer se vio frustrado en su intento de develar los secretos del poder vril, aunque algunos documentos de la Logia Luminosa, estudiados con posterioridad (entre los pocos que se conocen), afirman que cuando se ha controlado el poder vril se tiene la capacidad de adquirir todos los otros poderes. Y este “control” puede hacerse aparentemente de dos modos: el primero de ellos es descrito como el “método científico”. Este exige que la persona que busque el poder vril aísle químicamente las partículas de protón A1 contenidas en el plomo. Luego, dicen las instrucciones, éstas deben ser “capturadas en el magnetismo protónico de Saturno o en la lava que haya salido de un volcán en actividad”. A continuación, bajo el efecto de las radiaciones obtenidas con este proceso, “las glándulas sexuales masculinas activan todos los Korlos y confirman el ego en su centro físico de gravedad”. El poder vril es el control de una energía sutil que penetra la piedra, dicen los escritos.
El segundo método, citado como “método místico”, deriva, aparentemente, de un ritual mágico antiguo ejecutado ante un mandala símbolo que representa al mundo interior. El adepto debe bañarse en una luz de color violeta hecha por una amatista, “con la vibración del sonido del nombre del primer sacerdote dicho ininterrumpidamente”. Los documentos conocidos indican que el poder puede obtenerse más fácilmente si está presente el signo de Saturno así como el Ankh, la cruz ansada egipcia (una cruz en forma de T con un lazo sobre la barra horizontal) simbolizando la naturaleza terrenal coronada: “durante el ritual, el iniciado efectuará una regresión simbólica de la vida, antes de encontrarse a sí mismo en posesión de los poderes del vril. En la realidad, estudios recientes han determinado que vril es una antigua voz hindú que nombre los tremendos recursos de la energía que puede utilizarse tras haber dominado el cuerpo etérico (u organización del tiempo), habiendo conseguido el control de las fuerzas de la vida de cada uno dentro del cuerpo. En esencia, es el control de lo que Lord Bulwer Lytton llamó “el único gran líquido que invade toda la naturaleza”, el que los místicos hindúes llaman kundalini es la fuerza microcósmica de energía universal; o dicho mas simplemente, el gran almacén de energía estática y síquica potencial que existe en forma latente en todo ser. Es la manifestación más poderosa de fuerza creativa que hay en el cuerpo humano. El concepto de kundalini no es peculiar de los tantras, sino que constituye la base de todas las prácticas del yoga, y toda auténtica experiencia espiritual se considera como un ascenso de este poder.



CORRESPONDENCIA DOS

L.Z., México D.F.
“El siglo XX se concentró en la conquista del espacio exterior, ignorando la conquista del mar y las expediciones hacia el centro de la Tierra. Realmente, Hitler parece ser que enfrentó una solitaria apuesta a la magia de la vida en un intento desesperado de revertir lo inevitable. Apeló a los Poderes Supremos para que lo hicieran victorioso, y murió en el intento. Los Poderes Supremos no lo oyeron, simplemente, porque el vril es una fuerza poderosa y superior pero la más humilde en su forma de presentarse en la naturaleza porque casi no ocupa espacio. Y Hitler era el puro orgullo. Es cierto que los nazis persiguieron una fantasía sagrada y la hicieron realidad histórica. Más acá todo es anécdota.
La oficina de gobierno hitleriana encargada de investigar una posible entrada a Agartha era el Instituto Ahnenerbe, que fijaba las sendas y las probables entradas secretas. Crearon mapas marcando rutas como quien siembra una dimensión metafísica sobre la nada. El trabajo en Ahnenerbe fue el resultado de años de experiencias ocultas. Sintetizaban una información casi inaccesible que rescata la memoria de las avanzadas que destacó Alejandro el Grande desde Bactrinia y Alejandría Eschata, pasando por las versiones de la migración de los últimos esenios al Asia central, después de la destrucción de Massada por la legión de Florus; recogieron las señales dejadas por Rudolf von Sebbtendorf a los miembros de la Sociedad de Thule, la sociedad madre del nazismo, que, en 1921, elige a Hitler como su héroe. Y aplauden los delirios de Dietrich Eckart a su regreso de Mongolia. También habían fijado las notas del abate Theodorico von Hagen que creó en el siglo XIX, escritas a su regreso, cuando ya estaba loco.
A los expedicionarios elegidos en el Ahnenerbe los formaban en Ordensburg, una de las escuelas secretas de las fuerzas especiales. Casi al amanecer tomaban un desayuno espartano (impuesto por Himmler en persona): agua de las rocas y tarta de avena. Los hombres debían ser intelectuales y atletas. Peter Auchnaiter coordinaba las tareas geodésicas, geológicas y cosmogónicas, y entre su gente tenía a Lebenhoffer y Calemberg, entre varios más, muchos de los que a la caída del tercer Reich emigraron masivamente a América, en especial a USA, Argentina y Chile. Sus primeros estudios los enfocaron al campo magnético de dos alturas terrestres: el monte Kailas, en el Tíbet occidental, que los lamas llaman “el trono de los dioses”; y el volcán Villarrica, en el Sur de Chile, que encierra los montículos de Piedra Blanca, Piedra Negra y Cumbre Pirámide: conos de piedra y hielo que forman la masa volcánica emergiendo solitaria entre las montañas próximas. Para Auchnaiter, Sudamérica era el polo negativo del Axis Mundi, como para los tebanos el monte Kailas era el polo positivo. Eran estudios de la “ciencia nueva”, para la nueva cosmogonía y cosmología que debían alimentar al Reich que duraría un milenio. Ellos estudiaban la Tierra como a un ser vivo y como un organismo cósmico: un sistema de ondas ondulatorias, de materia que vibra en energía y de energía que se transmuta en materia cumpliendo un ciclo cuyo fin se desconoce. Más allá de su incentivo, estos hombres trabajaron en condiciones heroicas, emprendieron iniciativas científicas y arqueológicas admirables, enviando por telegramas cifrados un enorme caudal de información técnica. A ellos se deben importantes descubrimientos en la vertiente norte de los Himalayas, a 5.700 metros de altura, como el sistema de cuevas excavadas en la roca viva, entre aberturas de los glaciales, en que se halló tallado en las paredes de piedra un bajorrelieve con un mapa del cielo con estrellas ya no visibles, que probablemente corresponde a unos 13.000 años de antigüedad, según estimó Calemberg. Ellos pensaban que en algún momento antes de un gran cataclismo geológico, Tíbet estaba a nivel del mar; al igual que el sur de los Andes, donde hasta hoy se encuentra en esas cordilleras fósiles marinos de toda índole”.


N.F., La Joya, California:
“Entre los documentos que se conocen rescatados de la caída del Tercer Reich, hay varios informes de investigaciones que se hicieron a personas que afirmaban haber estado en comunicación con Agartha. Uno sobre el jesuita Teilhard de Chardin, dice: “Vive en Pekín, prácticamente marginado por la iglesia, con prohibición de editar sus investigaciones. Nuestros agentes lo ubicaron, pero no pudieron traspasar sus reservas. Ahnenerbe estima que Teilhard se dirigió al desierto de Gobi en el sur de Mongolia, movido por los relatos secretos de los sacerdotes Huc y Gabet en siglo XIX; los prodigios que éstos habrían comprobado fueron publicados sólo en parte, el resto estaría en los archivos secretos de los jesuitas en Ravena. Teilhard pudo viajar al Asia Central uniéndose a ciertas expediciones comerciales, como la Haardt-Citroen y la Roy Chapman-Andrews. Ahnerbe sitúa hacia 1923 (poco después del viaje de Ossendowski) su merodeo en torno de los poderes de Agartha. Es dudoso que haya recibido el grado de Hamsa o Anagami, que se impone a los espíritus superiores que han cumplido su misión iluminadora pese a lo que se opone. Su trabajo "Geological Observations in the Turfan Area", demuestra su acercamiento a la Región. Habría sido conducido por guías pagados por él mismo separándose del grueso de la expedición Citroen. Se tiene como probable que buscasen los restos ocultos de la secta de los esenios (posibles iniciadores de Cristo). Una corriente jesuítica sostiene que los esenios se replegaron hacia una región oculta de Asia después de la caída de Jerusalén en manos de los romanos. Lo inquietante de Teilhard de Chardin es su viaje pagano y panteísta; su “pasaje al corazón de la materia total”, como anotó en uno de sus trabajos conocidos, uno de los pocos que han salido a la luz de sus escritos prohibidos por la Iglesia”.
Un documento informa de la investigación realizada a Gurdjieff, el curiosísimo ruso levantino: “Gurdjieff se aparta de toda complicidad con la Sociedad de Thule, rehusa a todo contacto y se dedica a su enseñanza. Sólo con la ocupación de París fue posible que Ernst Junger pudiera conseguir un relato de sus viajes. Los viajes de Gurdjieff por el Asia Central fueron varios entre 1897 y la Primera Guerra, pero su entrada en el Gobi en 1898 es tal vez lo más válido: E.J. evalúa que en esa época Gurdjieff llegó efectivamente a la “zona de Agartha”, pero no afirma implícitamente que “a Agartha”: Gurdjieff se silenció sin poder o no querer explicar su experiencia; manifestó que la expedición había concluido cuando uno de sus camaradas, uno de los “buscadores de la verdad”, el geólogo Soloviev, murió desnucado por la mordedura de un camello salvaje. Algunas frases de su relato:
-El secreto está guardado mucho mejor y más profundamente que todo lo que podría preverse.
-Muchas veces se aludió a una región del desierto de Gobi donde hay una gran ciudad subterránea. Era un secreto que se transmitía por herencia y cualquiera que lo violara debía sufrir un castigo semejante a la gravedad de tamaña traición.
-Debo decir que esa región está constituida por una maraña de estrechos valles. Nunca nos había tocado explorar zona más inextricable. Era como para creer que las Potencias Superiores quisieron hacer o eligieron esas zonas complicadas y desconcertantes para que ninguno tuviese la osadía de aventurarse por ellas.”
Sin embargo, nadie de los viajeros que registran estos documentos confirma asertivamente la entrada en la misma Agartha. Eckart, antes de morir, sólo balbuceó que “visité ámbitos, hablé con seres superiores”. Gurdjieff, con su pasión por lo confuso, dice que “la ciudad secreta, o la ciudad de los poderes, está en la zona de confluencia de las sabidurías. Es el lugar donde están los hombres que llegaron más lejos y los dioses que todavía soportan la cercanía humana.”
Otro de los documentos informa de una investigación realizada a Von Sebottendorf y Teodorico Von Hagen, expedicionarios que inflamaron entre los nazis la concepción de un mundo subterráneo: “Von Sebottendorf está desaparecido pese a registrar domicilio en Turquía. Informó nuestra embajada (von Papen): “Nadie responde en sus presuntos domicilios. Se lo tiene por un ser excéntrico, asocial, de formas duras carente de toda cortesía. Se supone que pudo haber fijado domicilio en México pues realizó experiencias místicas con los indios Tarahumaras mediante el uso de drogas.” Lo cierto es que no dejó una palabra sobre Agartha más que esta recomendación a Eckart (en el momento de abandonarlo): “Nadie encuentra a Agartha. Es Agartha quien conduce a alguien que ha elegido.”
Se sabe que a fines de 1857, von Hagen está en el Cáucaso, desde donde hará su “entrada” hacia el triángulo de la zona oculta. Sin embargo, a los doce años de su partida se lo vio regresar para morir en Lambach. No dio explicación alguna a nadie del detalle de sus búsquedas; pasaba los últimos días encerrado, escribiendo. Se despidió en una larga y sosegada locura, rodeado de la piadosa caridad de los monjes benedictinos. Su única medida de autoridad fue pedirle a los albañiles que reparaban un muro que grabasen el signo de la svástica en el arco de piedra que da al claustro interior, y que le permitía ver desde su propia celda la cruz gamada en la piedra; la misma cruz que durante todos los días, a los nueve años de edad, vio Adolf Hitler cuando fuera escolar de los benedictinos de Lambach. De von Hagen es esta frase: “Agartha es móvil. Puede que el viajero crea haber llegado a Agartha sin saber que ya estaba en Agartha”.
Por lo demás, aún hoy, se piensa que el vril es una fuerza cósmica, originaria, que subyace en cada hombre; la atrofiada fuerza de los genios, de los héroes. La fuerza que alienta bajo nuestra necrosis. Puede ser lo que en India denominan como Akasa, o Mana en Polinesia. Los poderes que duermen a lo largo de la columna vertebral, la serpiente Kundalini, los Siddhus… la fuerza a la que se acerca Nietzsche en su visión de Sils María. Tal vez sea la misma de la mítica “transfiguración” de Jesucristo en el Monte Tabor. Llevamos esa fuerza latente como un olvido; tanto como el átomo está cargado de una energía que algún día se sabrá cabalmente dominar, movilizar, liberar."


E.C., Guadalajara, Jalisco:
“El más exaltado de los investigadores que inspiraron a los nazis, entre los que buscaron entonces a Agartha, es, por supuesto, Teodorico von Hagen, que escribiría: “Quien llegue a Agartha, después de haber sido aceptado en las puertas secretas, no debería estar del todo seguro de no estar pasando de largo, dejando la esquiva Agartha para siempre a sus espaldas”. “Agartha atrae y ciega. Se transforma en una pasión. Quien cede a ella se verá irresistiblemente atraído hacia su centro, como el insecto ante la luz de la noche. Cerca de Agartha el iniciado se sentirá ajeno a su vida anterior. Sentirá terrores, pero esto es bueno. Agartha exige el paso a otra dimensión.” Fue von Hagen uno de los profetas entre los nazis empeñados en esta tarea excepcional; un profeta del que nunca se ha tenido claro cuál fue el móvil que lo impulsa en 1856 a abandonar la abadía benedictina de Lambach para lanzarse como un alucinado hacia el Oriente. En algún momento algo le hace rebelarse a su vida de monje cristiano de claustro, que se embarca en un velero polaco, el “Príncipe Orlov”, que lleva carbón a Alejandría; alcanza el puerto de Jaffa desde donde emprende viaje a lomo de burro hacia Jerusalén. No busca refugio en los conventos cristianos. Se instala en la zona salvaje del desierto de Qumram, a orillas del Mar Muerto, lugar que fuera patria de los Esenios hasta el siglo II cuando la secta se traslada o se disuelve. Vive como un ermitaño en las cuevas que aquellos excavaron en los montes de Judea. Probablemente busca los evangelios secretos: tiene la convicción de que la Biblia y en especial el Nuevo Testamento han sido despojados de textos fundamentales. Podría tratarse de los llamados “evangelios gnósticos” aparecidos en parte en 1945 por obra de la casualidad cuando dos peones picaban el terreno del cementerio de Nag Hammadi, en el alto Egipto. Son textos escritos en el siglo II con la versión evangélica de Tomás, María, Felipe y el “evangelio de la verdad”. Podría también von Hagen haber buscado los libros ocultos de los Esenios en los mismos terrenos donde vivieron. En 1948 aparecieron también por azar los llamados “Rollos del Mar Muerto”, justamente en una de las cuevas de Qumram, donde luego en las últimas décadas han aparecido más manuscritos.”

G.M., México, D.F.:
“Los alemanes afines a Hitler expresaron su idea del reino subterráneo de diversas maneras, incluso construyendo verdaderos templos bajo la tierra, como el cavado por orden expresa del jefe de las SS del Tercer Reich, Heinrich Himmler, el hombre más temido de la Alemania nazi. Es muy conocida la obsesión de Himmler por el ocultismo pero está menos documentado su interés por la geomancia y por la llamada “geometría mágica”. A través de Ahnenerbe, una organización establecida para investigar todos los aspectos de la antigua historia y la erudición germanas, Himmler acumuló una cantidad de material sobre las “heilige linien” ("líneas sagradas") de Alemania y del “imperio” oriental. Se despacharon expediciones hacia Tíbet para establecer el emplazamiento de la mítica Agharthi, mientras otras estudiaban meticulosamente la geometría de los cementerios medievales judíos en el centro de Alemania. Himmler dirigía esta investigación desde un castillo medieval reconstruido con enormes costos y transformado en santuario del nazismo; como otros parajes geománticos de poder espiritual y político, Schloss Wewelsburg, en westfalia, tenía forma triangular (también son triangulares el Kremlin de Moscú y al Abadía de Westminster en Londres).
Schloss Wewelsburg tiene una amplia sala en el medio de la cual hay una mesa redonda con trece sillas; a la manera del Rey Arturo, Himmler y sus doce Obergruppenfuhrer (caballeros de la negra orden de la SS) ocupaban esas sillas meditando sus intentos de influenciar síquicamente a Alemania. Debajo de esta reproducción “arturiana” estaba la misma cripta de Himmler: conocida como el Reino de los Muertos, estaba rodeada de paredes de piedra de un metro y medio de ancho; contenía una cavidad semejante a un pozo, a la que se llegaba por un tramo de escalera. En el centro de esta depresión había una pila de piedra en forma de copa. En el caso de que un miembro de Obergruppenfuhrer muriera, su saco o vestón de armas debía ser quemado en esa pila y sus cenizas debían colocarse sobre un pedestal en un nicho especialmente provisto para ese propósito: había cuatro respiradores en el techo de la cripta, ubicados de tal manera que el humo ascendería hacia el cielo raso en una sola columna. Este llamado Reino de los Muertos se estimaba que sería el futuro mausoleo del propio Hitler, pero los hechos resultaron diferentes. Como los hipogeos iniciatorios de la antigüedad, se esperaba que este templo bajo tierra se convirtiera en un santuario; no fue así.
De todas las iglesias y mausoleos del mundo hechos en la roca, el más grandioso es el construido en España por orden del dictador falangista Generalísimo Franco: el llamado Valle de los Caídos, en las montañas de Guadarrama, al norte de Madrid, y es uno de los pocos proyectos impresionantes de los tiempos modernos que llegaron a realizarse. El hall con la gran cúpula que pensó hacer Hitler en Berlín y la pirámide-mausoleo que el general argentino Perón quería dedicarle a Eva Duarte, nunca fueron construidos, pero la inmensa basílica subterránea de Franco subsiste hasta hoy: realizada en el sólido granito cortado por prisioneros republicanos, comunistas y anarquistas, tiene una vasta área abovedada, apenas menor que la más grande catedral de la cristiandad, la de San Pedro en Roma, y contiene una cripta y cuatro osarios, donde descansan los huesos de miles de muertos en la guerra. Franco mismo aprobó los planos de planta y la ubicación de este monumento: su emplazamiento es, tal vez, el último acto de geomancia estatal llevado a cabo en Europa, ya que la inmensa basílica subterránea está en el centro de una cruz formada por las líneas que unen la Catedral de Avila con el Panteón Condesa de la Vega del Pozo, y la Catedral de Segovia con El Escorial. En 1975, Francisco Franco fue enterrado allí junto a un altar dorado, flanqueado por legiones de muertos: sobre su capilla se colocó una gran cruz de piedra de más de ciento cincuenta metros de altura, iluminada para que, de noche, sea visible desde cinco provincias españolas. El entierro de Franco en este centro geomántico de España encierra todo un concepto añejo del mundo, pero aparentemente de acuerdo con el materialismo moderno”.

(Sigue en Parte TRES)
(c)Waldemar Verdugo Fuentes
Sociedad de Escritores de Chile.